Porque
por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don
de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe (Ref. Epistola a los Efesios
Cap.2 versos 8 y 9).
Crecí en un
hogar Católico. Escuche el mensaje Evangélico por primera vez cuando tenía 14
años de edad. A la pregunta "¿Qué debo hacer para ser salvo?" la respuesta vino "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo." Los Evangélicos en verdad enseñan
que una persona es salva por la fe sola, las obras quedan excluidas. A mi parecer
esa enseñanza claramente estaba equivocada y era peligrosa. Equivocada porque Santiago dice que la fe sin obras está muerta.
Y peligrosa
porque anima una vida descuidada puesto que la persona no es salva por obras.
Así que me interesó estudiar la Biblia por mí mismo. Fue una sorpresa cuando encontré que el asunto que Santiago trata es la distinción entre la fe verdadera y la que es falsa. «Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?» (Ref. Epistola de Santiago Cap.2 verso 14)
Tal "fe"
es vana, no puede salvar a nadie. La verdadera fe es reconocida por el fruto
que produce. La pregunta central es esta: ¿Es una persona salva por la fe
verdadera sola? O, ¿es salva por la fe más el mérito de sus propias buenas
obras? La respuesta de la Biblia fue clara y sorprendente: «Porque por gracia
sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados
en Cristo Jesús para buenas obras» (Ref. Epistola a los Efesios Cap.2 versos
8 y 10). Salvos por medio de la fe... ¡no por obras! Es sorprendente que la
misma Biblia que enfatiza un vivir santo y las buenas obras, también proclama
que la salvación no depende de obras propias. El Cristiano no depende de su "bondad" o sus esfuerzos, pero confía completamente en otra persona, en el
Señor Jesucristo. Cuando la Biblia dice que somos salvos «NO POR OBRAS»
se refiere a nuestros esfuerzos.
Ciertamente no
implica que la salvación sea una tarea fácil. De hecho la obra de la salvación es tan grande que nadie la puede hacer excepto Dios mismo en Su Hijo. Fue necesario que el Hijo de Dios se humillara a sí mismo, viniendo a ser hombre y ha morir en la cruz. «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)» (Ref. Epistola a los Galatas Cap.3 verso 13). Comencé a entender que el pago por mi pecado fue la preciosa sangre que El derramó y no mis obras y penitencias. Ciertamente esta es la razón por la cual Dios desea que crea en El.
Quedaba
una cuestión: ¿Por qué he de hacer entonces buenas obras? Inmediatamente después de decir que somos salvos "no por obras," el apóstol Pablo escribe
que somos salvos "para buenas obras." Las buenas obras son el resultado,
no la causa, de la salvación. Hoy soy un Cristiano Evangélico y estoy seguro
acerca del Cielo. Esta no es presunción porque no dependo de mí mismo ni de
mis obras ya más; confío en Jesucristo, sabiendo que Su muerte en la cruz fue
pago suficiente por la pena de todos mis pecados. Mi único deseo es vivir digno
de Aquel que me amó y se dio a Sí mismo por mí. Me preocupan los Católico
(y otros) cuyas vidas están colmadas de pecado y aún así sienten que todo
saldrá bien al final. Pero la Biblia les advierte que su fe está muerta y es vana
para salvarles del Infierno. Por otro lado, también me preocupan aquellos
Católicos devotos que están temerosos del juicio de Dios, y que hacen su
mejor esfuerzo para merecer Su perdón y gracia. Ellos dicen que creen en
Jesús, pero en realidad no lo hacen porque ellos confían en la bondad y
justicia de ellos mismos. Deseo compartir las mismas Buenas Nuevas que
escuche en mi juventud porque este es el mensaje de la Biblia.
Si
deseas ser salvo, cree en el Señor Jesús y cese de confiar en usted
mismo. Cese de abrazarse a su religión y con manos vacías reciba en
don gratuito de la salvación. Y entonces, por el resto de su vida,
haga buenas obras por gratitud a nuestro amante y misericordioso
Padre.
Hermano
R.
Torres
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